Monday, February 22, 2016

Caranavi se fortalece para no sufrir en épocas de ‘vacas flacas’



Bernardo Condori y su familia ya tienen acceso a más alimentos y pueden mejorar su salud y nutrición, incluso en épocas de “vacas flacas”, gracias a un proyecto de Save the Children que después de cinco años benefició a 906 hogares de Caranavi.

“La capital cafetalera de Bolivia”, ubicada a 160 kilómetros de la sede de gobierno, en el norte del departamento de La Paz, en la zona subtropical de los Yungas, tiene una población de al menos 51.150 habitantes que, en una buena parte, viven en condiciones de pobreza, inseguridad alimentaria, insalubridad y desnutrición.

Es ahí donde la ONG inglesa desarrolló desde 2010 el Proyecto de Seguridad Alimentaria bajo la consigna de “producir lo que se vende y no vender lo que se produce” y con una inversión de $us 700.000, que fueron financiados por la estadounidense Keurig Green Mountain, la Alcaldía de Caranavi y los propios productores.

Cinco años después, las metas que los mismos caficultores se habían planteado para el periodo 2010-2015 fueron superadas con ayuda de la organización internacional: las 100 hectáreas (ha) adicionales de cafetales que debían tener llegaron a 130, las 200 ha que debían mejorar ascendieron a 283 y los $us 100.000 en ventas excedentarias que buscaban obtener se elevaron a $us 157.525.

Este proyecto se implementó con los objetivos de “mejorar la seguridad alimentaria de las familias que viven del café en los meses flacos en los que no pueden producir el grano (de diciembre a marzo) y reducir la desnutrición infantil a través del incremento de los ingresos de esos hogares, lo que aumenta la disposición de alimentos” para los beneficiarios, explicó Willams Zabaleta, coordinador nacional del Programa Medios de Vida de Save the Children.

Este enfoque era necesario debido a que el 53% de la población de ese municipio padecía inseguridad alimentaria leve (se preocupa por no tener la suficiente comida algunas veces o a menudo) y el 38% la misma condición, pero severa (corta el tamaño de las raciones o el número de comidas a menudo). “Un mayor ingreso les garantiza a las familias el acceso a los alimentos”, reiteró Zabaleta.

La iniciativa, que priorizó la obtención de mercados nacionales e internacionales, le dio sostenibilidad a esos cafetales que están ubicados a unos 1.600 metros sobre el nivel del mar”, en una zona altamente vulnerable en temas ambientales, con pendientes superiores a 70 grados, suelos frágiles (de no más de 30 centímetros de profundidad), baja retención de la humedad y fácilmente erosionables.

“La producción del café ha bajado bastante en los Yungas por factores como enfermedades y falta de prácticas adecuadas de cultivo, cosecha y beneficiado.

El no tener una homogeneización de todo ese proceso, hacía que la calidad del grano sea baja comparada con mercados internacionales”, afirmó Zabaleta.

Para revertir esa situación, el proyecto capacitó a los agricultores en la implementación de buenas prácticas productivas, como las podas, la reposición de cafetales viejos, uso de fertilizantes e insecticidas orgánicos y semillas certificadas, y el manejo de suelos; introdujo nuevas tecnologías a su proceso productivo, como las cosechadoras mecánicas y otras herramientas; e instruyó a técnicos de las comunidades en la calibración, ajuste y mantenimiento de las plantas de beneficiado húmedo y seco de la región.

Esta labor permitió aumentar en 2015 la tasa promedio de calidad del café de Caranavi de 81 a 85 puntos, un avance importante tomando en cuenta de que el puntaje medio de la zona es de 80. “La calidad del café se mide a través de puntos. Un puntaje menor a 76 es considerado bajo, desde 76 hasta 83, bueno, y por encima de 83 o 85, exportable (...). Subir cuatro puntos en un año es realmente bastante”, destacó Mario Rocabado, coordinador del proyecto.

Datos. Este trabajo disminuyó además el costo del mantenimiento de una hectárea de café en 26%, de Bs 8.168 a 6.008, el costo de la mano de obra en 66% y el consumo de agua en 85%, mientras que la pérdida del grano bajó de 20 a 5%, el reemplazo de la gasolina por electricidad generó un ahorro de 68% y el rendimiento por hectárea subió en 5%.

Solo el aumento de la productividad en cada parcela representa entre $us 170 y 230 más para los caficultores, quienes ahora reciben por cada libra del grano $us 2,60 y no 2,20 como antes. “Para mí es bastante alentador los cambios que han sucedido (...). Mi café llegó a tener entre 86 y 87,5 puntos y estoy por concretar la venta de mis productos a un mercado seguro”, aseveró Condori.

“La financiadora (Keurig) ya no estaba comprando de Bolivia desde hace tres años, pero ahora lo volverá a hacer” por el mejoramiento en la calidad del producto, afirmó a su vez Rocabado.

Asimismo, prácticas mejoradas como la plantación de árboles frutales, la forestación y la construcción de terrazas, zanjas de filtración y muros artificiales y naturales para evitar que la velocidad del agua de lluvia erosione los suelos, ayudaron a que el producto pueda obtener la certificación internacional de café orgánico.

Incluso con las “barreras vivas (naturales)”, hechas por ejemplo con cedrón, los productores tienen un ingreso adicional que pueden usar para mejorar su calidad de vida, destacó Zabaleta.

La mejora de la generación de ingresos de los hogares se alcanzó también a través del fortalecimiento de otras cadenas productivas como el achiote, la miel, los cítricos y las yerbas aromáticas.

“Hemos aprendido algo más, por lo que nos sentimos felices”, expresó Rubén Pacheco, gerente de Tómala, empresa comunitaria que acopia y comercializa la miel de los beneficiarios del proyecto. Solo en el caso de la miel, se instalaron cuatro centros de acopio, lo que redujo los gastos de transporte de los apicultores en Bs 100 en promedio, y se benefició con un modelo similar al del café a 107 familias directamente.

Todo el proyecto benefició de forma directa a 906 familias de 25 comunidades y de manera indirecta a 1.141 hogares, haciendo un total de 8.166 personas.

“Nos quedamos satisfechos con los resultados que se han alcanzado. Nuestros hermanos (beneficiados con el proyecto) están mejorando su calidad de vida”, subrayó Jenny Choque, concejal del Gobierno Autónomo Municipal de Caranavi, que otorgó un reconocimiento a Save The Children por su labor en la región.

“No queremos implementar proyectos asistencialistas, sino más bien potenciar las fortalezas de las personas”, subrayó Daphne de Souza Lima, directora de Save the Children en Bolivia, ONG que para la ejecución del proyecto contó con la participación y apoyo de diversos actores públicos y privados.

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